jueves, 12 de diciembre de 2013

El sueño de los 21K - Maratón Cancún 2013

Domingo 8 de Diciembre.
3:30am El día comenzó.
La cita con el resto de los compañeros estaba programada para las 4:30am.
La mayoría dejamos los autos en el estacionamiento del centro comercial de enfrente, a unas 2 cuadras sobre la misma calle donde estaba la Meta. A medida que nos acercábamos, aún estando completamente oscuro, nos íbamos encontrando y saludando con el resto de los compañeros y gente conocida. Todos estábamos ahí para compartir una vez más, como tantas otras carreras durante el año, el asfalto; sólo que esta vez el recorrido sería mucho más largo: 21 y 42 kilómetros. Los que ya estábamos en el punto de reunión comenzamos a estirar un poco o a trotar. Algunos se veían nerviosos y otros emocionados. El tiempo que recurre desde la llegada al momento de la salida siempre pasa más rápido que cualquier otro momento esperado. Siempre me he preguntado ¿Por qué se siente como si apenas fueran unos minutos el tiempo que pasa antes de la salida aunque hayas llegado una hora antes?
Finalizado el calentamiento nos formamos en la Meta junto al resto de los 2000 participantes. 21 Km y 42 Km saldríamos al mismo tiempo. Yo me sentía segura. Mi único objetivo era reducir mi tiempo en 21 Km y poder estar presente a la llegada de mis compañeros que correrían 42 Km. Eran 4 maratonistas experimentados y 2 que iban por su primer maratón.
5:30am Se anuncia la salida y comienza la carrera. Mi tercer medio-maratón. Las últimas 2 semanas no pude entrenar por estar algo lastimada y preferí dejar que las piernas se recuperaran. Esta había sido una carrera por la que había esperado todo un año. En esos instantes antes de la salida recordé lo que había sucedido 12 meses atrás. No estaba lista, no tenía con quién entrenar, no sabía cómo hacerlo, y en realidad, no me atreví. En aquel entonces iba todas las mañanas al lugar donde se promocionaban las inscripciones y preguntaba si todavía había lugares disponibles. Cada día mi mente me decía que lo intentara, pero los consejos de los demás me decían que aún no era mi momento, que la falta de entrenamiento en distancias largas me podía dejar lesionada, y decidí escucharlos. Aún así, continuaba acercándome al stand de inscripciones a preguntar lo mismo todos los días.
Fue hasta el día en que me dijeron que las inscripciones estaban cerradas y que no había ni un sólo lugar disponible para 21 km en que finalmente acepté que no era mi momento, pero lo convertí en mi principal objetivo del 2013.
Y ahí estaba esta vez, acercándome al arco de Salida, un año después, lista para vivir esos 21 Km. Ya no era la misma. Ahora era mi tercer medio maratón del año. Sólo iba a cumplir la meta que me había fijado.
Los primeros kilómetros no quise acelerar el paso como lo había hecho en el Medio Maratón de la Riviera en el que me cansé desde el kilómetro 13. Decidí que la estrategia sería mantener un buen paso. En el camino saludé a gente que traía playeras con la bandera o el nombre de su país o su ciudad. Recuerdo la sonrisa de la señora a la que le grité "¡Viva Colombia!".  Recuerdo el desfile de personas, corriendo, de todas las edades, géneros, estilos, formas y vestimentas. Me gustaba ver a los que venían juntos, o reconocer los que traían las mismas playeras, o los que tienen el nombre escrito en la parte de atrás. Me dan ganas de llamarles por su nombre. Cuando veo personas con las mismas playeras siempre me imagino que son unidos y orgullosos de pertenecer a donde pertenecen. Yo también llevaba la playera de mi equipo: Run And Run Team.
El recorrido fue hermoso. Siempre la naturaleza te regala momentos en los que eres consciente de lo bello de cada día. Y nosotros los corredores somos testigos de esos momentos casi todo el tiempo. Creo que esa es una de las razones por las cuales tengo en mi memoria tantos amaneceres y atardeceres y lunas y el sentir del aire y la brisa y el palpitar del corazón y el ritmo de la respiración. No hay estado mental más elevado que el de ir corriendo.
Finalmente llegué al retorno de los 21 Km. Vi como algunos de mis compañeros se siguieron, a otros ya no los vi. Traté de imaginar cómo sería su trayecto y lo que pasaba por su mente y su cuerpo. Imaginé todo lo que verían. Era como sentir que íbamos en un viaje al espacio, y mi misión era regresar porque había cumplido mi objetivo, pero los que continuaban el viaje eran los que verían las estrellas más de cerca.
En el trayecto de regreso necesité agua en cada estación de hidratación. Logré administrar mi agua de forma que siempre me alcanzara hasta la siguiente estación. Me daba mucha tranquilidad ver a mis compañeras y compañeros voluntarios de hidratación ofrecerme agua o suero. Los puntos en que estarían distribuidos nuestras estaciones de apoyo los conocía bien. No me alcanzan las palabras para describir lo que sentía de saber que todas esas personas que estaban en nuestras estaciones de apoyo habían estado desde las 3am organizando los últimos detalles para estar a tiempo cuando la carrera comenzara. Sabía que su labor no sería fácil, sin embargo cada vez que me acercaba corriendo, los veía acercarme líquido y cada uno me regaló porras y palabras de aliento. Los veía a lo lejos, pendientes de cada uno de nosotros, los veía levantar la mirada hasta donde su vista alcanzaba para tener preparada la bolsita de líquido al momento de que cualquiera de nosotros pasara. Ví y valoré sus intenciones y deseos de asistirnos. Ignoro lo que pensaban, pero su actitud me lo decía todo y me daba fuerzas para seguir corriendo. Pensaba que algún día serían ellas y ellos los que estarían corriendo en ese mismo lugar por donde yo iba pasando. No siempre acepté el agua, hubo momentos en que me preocupaba que no alcanzara para los demás, o que quizá mis bolsas no habían sido el tamaño correcto, o que no estaban lo suficiente llenas, o que quizá no las había amarrado bien y se les había salido el agua. Valoré tanto el trabajo en equipo. Fue un esfuerzo de todos, hasta el mío propio a pesar de mis preocupaciones de haber fallado.
En mi recorrido de regreso apreté el paso. Y finalmente llegué a los últimos 5 kilómetros de recorrido. Parecía fácil. No lo fue. Fue la parte mental más difícil. La Meta parecía presumir que estaba cerca, pero había que correr esa última parte. Sorprendí a mis pensamientos diciéndome "Ojalá se hayan equivocado y la ruta está mal trazada y en realidad la meta está aquí en el próximo retorno". No pude creer que mi mente me estuviera diciendo eso. En realidad había que pasar varias calles, y varios retornos para dar la ultima vuelta y luego recorrer la misma distancia pero en dirección contraria hasta tomar la última calle para llegar a la Meta. Sin embargo es en esa última parte en donde todo cuenta. Gracias a esos seres anónimos que te gritan y dan ánimos. Esas personas que salieron de sus casas o de sus hoteles para ver pasar a esos locos que corren y que a la vez admiran lo que hacen y aplauden cuando pasas a su lado. Varias veces mientras mi mente me jugaba bromas y mis piernas comenzaban a cansarse, mi mirada se volvía hacia el asfalto, como si ya sólo estuviera corriendo por inercia. Y era en esos momentos en los que alguien me daba ánimos y mi mirada volvía al frente y retomaba el paso. En ese trayecto en el que unos van acercándose a la última vuelta, y otros ya van hacia la meta, vi a mis compañeros. Los más rápidos de 21 km. Mi amiga Michely que es muy veloz y que lograba su segundo medio maratón esta vez sin ningún contratiempo. Vi a Alicia, y sonreí de pensar que finalmente estaba logrando correr su primer medio maratón y recordé el día que la conocí y me compartió su sueño de correr 21 km. Vi a Jorge, mi amigo entrañable que siempre va contento como si fuera un niño. Recordé aquellos entrenamientos bajo la lluvia intensa y los charcos inevitables y él brincando para salpicarnos haciéndonos recordar parte de nuestra infancia, pero sin que nadie te regañara por mojarte. Cuando finalmente dí la vuelta, me tocó ver a los demás. Mis compañeras, con quienes he compartido tantos entrenamientos,  momentos, y charlas. Las que no sabían si podrían lograrlo, ahí estaban, en la recta final. Las que habían corrido acompañadas y las que iban solas. Se veían lindas. Recuerdo a Ale Koh y Alejandrina. Me daban ganas de estar con ellas y no perderme su compañía. También vi a Mellín; entero, tranquilo, con un paso firme. Nos miramos con complicidad a lo lejos y seguí mi camino a la meta. Sabía que él también llegaría. Hay algo en estas carreras que te hace sentir en sintonía y unión con los demás. Como si fuéramos una sociedad que practica un culto secreto. En realidad, corremos en lugares abiertos y a la vista de todos, pero sí tenemos un lenguaje entre nosotros. Es un lenguaje en el que dejas de ser quien eres, dejas la playera de tu equipo, dejas tu nombre, tu edad, y todo lo que que arrastras contigo, los problemas, las preocupaciones, y en cada paso que damos todos nos volvemos uno mismo. Es inevitable. Cuando te das cuenta ya le gritaste palabras de apoyo a ese que sentías que te caía mal y esa persona te mira con aceptación y agradecimiento. No hay jueces, ni marcas, ni referi, ni árbitros, ni artefactos, ni pelotas, sólo eres tú, con todos los demás corredores compartiendo el asfalto.
Casi para llegar, rebasé a un señor. Le dije que ya faltaba poco, y luego traté de rebasar a todo el que pude. Era mi último esfuerzo con lo que me quedaba de aliento.

Finalmente, 2 horas 13 minutos después, crucé la Meta. El sueño se había cumplido y en ese momento nacíó un nuevo reto: Los 42 Km.
Yo, cumpliendo mi sueño de los 21K (por tercera vez). 

Laura llegando a la meta. ¿Verdad que sí pudiste campeona?
Kary en el último tramo. Me encantó verte llegar.


Los corredores y nuestros voluntarios de hidratación. Gracias a todos.

En esta imagen están algunos de nuestros compañeros de apoyo. Una lección de que la unión hace la fuerza. ¡Gracias mil!
5:30am La fiesta de los corredores está por comenzar.
5:30am Nuestro equipo de corredores está listo para salir.
El trayecto de regreso sobre la Zona Hotelera.


Lizeth dando agua y suero. 
Agradecimiento especial a Ale Koh por algunas de las imágenes en esta publicación.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario